RÉQUIEM POR EL JOVEN MARX

 

Poco importa que el gato sea blanco o rojo, con tal de que cace ratones

Deng Xiapoing

 

Cuando, entre 1989 y 1991 el socialismo realmente existente se derrumbó entre sus propias contradicciones (sí, está escrito a propósito) y el muro de Berlín cayó arrastrando tras de sí al telón de acero, muchos lloraron por el fin de un modelo que anhelaban, una idea a la que habían dedicado su vida (y las de otros). Y muchos otros estallaron de júbilo. El gigante rojo, Leviatán hecho Estado que aterrorizaba a los hombres de bien de Occidente, el mal absoluto, Lüzbel Señor de las Tinieblas, acaba de morir.

Y moría de forma estruendosa. Cambiaba el mundo para siempre, fronteras que surgían y desaparecían mientras se producían cambios radicales en la vida de millones de personas junto con el espaldarazo definitivo al neoliberalismo, al capitalismo mismo, que resurgía cual ave fénix para no caer nunca más, en una eternidad de libre mercado y propiedad privada. Y una guerra civil genocida en los Balcanes que tiraba de las orejas a la orgullosa Europa. Se cerraba así “el corto sigloXX”, que había comenzado en Sarajevo con el asesinato, a manos de una anarquista iluminado, del heredero de una decrépita y decadente dinastía austriaca. Y que acaba en la misma ciudad, mientras los francotiradores serbios nos recordaban a qué grado de maldad podía llegar el ser humano. La historia se repite. Y no siempre como farsa.

Muchos se aventuraron a poner fecha exacta al final del comunismo. Para algunos fue 1989, fecha obvia. Otros, 1956, cuando los tanques rusos entraban en Budapest. O 1968, año en que el Ejército Rojo machaba las aspiraciones checoslovacas de dotar de rostro humano al infierno en la tierra. También pudo haber sido una fecha imprecisa: los años 70, por ejemplo, cuando Nixon caminó por la Gran Muralla y los chinos se dieron cuenta de qué iba esto del mundo moderno. Hubo quien señaló 1991, eran dos los años de agonía que le concedían al gigante. Estos últimos acertaron, pero no por las razones que ellos creían.

El 3 de febrero de aquel año, los miembros del Partido Comunista Italiano decidieron disolver el partido y crear el Partido Democrático de la Izquierda. El PCI, paladín del eurocomunismo, que había criticado la invasión de Hungría y la ocupación de Praga, que incluso en los años treinta había mostrado los dientes a Stalin, se disolvía sin explicación convincente. El partido comunista más grande de Europa occidental, con más de un millón de afiliados, que había conseguido más del 34% de los votos en las elecciones de 1976 (casi tantos como la Democracia Cristiana), estando a punto de convertirse en el primer partido comunista de la historia que ganaba unas elecciones, que se había opuesto a las Brigadas Rojas y había sobrevivido a la Operación Gladio, acababa de desaparecer. Ese fue el verdadero fin del comunismo. Pero fue además, el fin del marxismo. Y casi el fin de la izquierda política. El único partido marxista (junto con, quizá el Partido Comunista Francés y el Partido Comunista de España) que podía haber servido de verdadera alternativa al comunismo de los gulags y la horripilante situación al este del telón de acero, desapareció sin dejar rastro. Amén.

 

Palabra de:   Temístocles

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~ por termistocles en enero 11, 2011.

2 comentarios to “RÉQUIEM POR EL JOVEN MARX”

  1. Teorizar sobre cuando el comunismo fracaso, es una cuestion interesante.
    yo me iria mas atras, cuando el propio Lenin tuvo que dar marcha atras a su programa economico e instauro la “nueva politica economica”. y asi la revolucion que no habia nacido comunista, que aviesamente los bolcheviques se habian apropiado,acabo convertida en “eso”, en esa maquina mostruosa de aplastar individuos que todos conocemos. Quizas el marxismo solo existio en la cabeza Marx. Quizas unos se dieron cuenta antes que otros de que aquello era irrealizable. En fin, lo que esta claro es que el comunismo fracaso antes o despues.

    Luego se encuentra el caso italiano, que es digno de impresion. La inestabilida en la politica italiana es endemica, incluso a dia de hoy, pero su desarrollo ha sido tan rocanbolesco (años del plomo incluidos) que simplemente,es dificil de creer.

    Y porcierto,el archiduque Francisco Fernando , esta demostrado que fue asesinado por un nacionalista serbio, solo faltaba que a los anarquistas se les echara la culpa de la primera guerra mundial!

  2. Bueno, este post pretende ser más evocador que teórico, no pretende analizar las causas de la caída del comunismo, ni cuándo exactamente se vino a bajo.
    Surgió en mi cabeza tras leer cosas sobre el PCI. Me sorprendió muchísimo cómo desapareció fulminantemente, a pesar de su apoyo social. En 1990 tenía 1.264.790 (el PP, que es el partido español con más afiliados tiene hoy unos 800.000) y en las elecciones pasadas había ido consiguiendo más del 20% de los votos (su pico fue 34,4%, en 1976). No creo que muchos de sus militantes (o sus votantes) se creyeran eso de ¡Camaradas, por Stalin! ni creyeran que la URSS era el paraíso en la tierra. Si no más bien se consideraban como una alternativa al capitalismo, una posible solución a los problemas de Italia.
    Lo que me sorprende es que ni Partido Comunista Francés ni el PCE, que tenían mucha menos influencia, no se disolvieron (si bien los camaradas de Carrillo formaron esa cosa inclasificable que es IU).

    Sobre Gravilo Princip, la información que he encontrado es contradictoria: algunos consideran a la Joven Bosnia anarquista, otros nacionalista. Además de que influye el hecho de que no se ha aclarado aún la conexión real entre la Joven Bosnia y la Mano Negra. No sé, es posible que algunos autores confundan la Mano Negra serbia (Црна рука / Crna Ruka) con la supuesta “Mano Negra” que operó en la Andalucía decimonónica, de ahí la identificación de Princip como anarquista.
    En cualquier caso, no quería dar la impresión de que los anarquistas causaran la Gran Guerra, sino sólo ese sujeto en concreto. Además, como todos sabemos, el atentado de Sarajevo fue sólo el detonante, el conflicto se venía mascando desde hacía mucho tiempo.
    Sobre Lenin, Marx y la Revolución bolchevique escribiré más tarde, que esto ya es muy largo.

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